lunes, 3 de diciembre de 2012

Casos de la vida real


Y tú, ¿Por qué quieres estudiar una carrera?
Una historia más común de lo normal.

Era una comida familiar el domingo por la tarde. Se reunieron todos los tíos, primos, sobrinos, abuelitos, hasta el perico. Una mesa larga en la que un promedio de treinta personas están compartiendo los alimentos. No podía esperar a devorar el pedazo de carne asada, que con todo el trabajo de preparar el carbón, pasar cebollitas, la chistorra, salchichas y demás ingredientes ayudé a cocinar.

Y es ahí cuando, al darle la primer mordida a mi taco, mi tía Lupe, si ella, la “tía incómoda”, se atrevió a gritarme desde el otro lado de la mesa: “Jorgito, y por fin ¿ya sabes qué estudiar?”. Unos segundos después de intentar desatorarme el bolo de carne que entró por la garganta, tomarle tres tragos seguidos al refresco, para finalmente toser medio minuto, lo único que logró salir por mi boca fue un triste, desecho y titubeante “¡No, tía!, bueno he pensado en …”

Al segundo, como si estuviera en una película de “zombis” y entrara a una habitación de un laboratorio desconocido, toda mi familia me comenzó a bombardear: “Estúdiate para contador, mijo”, “Como tu tío José Luis, ya ves que le va re-bien”. “No, mejor doctor, de esos especialistas en el corazón o cirujano plástico como esos de la tele, ya ves que ganan muchísimo dinero”. “¿Qué dicen? Lo que debes estudiar es para leyes. Abogados nunca van a faltar, es más siempre serán necesarios. O haber dime, ¿qué empresa o qué persona no necesita un abogado? Y si te colocas en el Gobierno, mejor.”

Después vinieron diez minutos de escuchar debatir a mi tío Beto, el arquitecto de la familia, contra Toño, el esposo de mi prima, que es Ingeniero Civil, el ¿Por qué razones técnicas es mejor una carrera que la otra? Fue ahí cuando comencé a molestarme muchísimo, más porque todos mis demás primos mayores se empezaron a burlar de mí, y de repente, interrumpí con un grito aislado: ¡Psicólogo!  ¡He pensado en estudiar para Psicólogo!...

El silencio llegó a la mesa. Mi papá se me quedó viendo con unos ojos de “¿Qué? ¿Qué te pasa? ¿Acaso te volviste loco?” Mientras que dos de mis primos, los que se reían de mí, se cuchichearon: “Ya ves como si es medio raro”. Mi madre volteó la cabeza de inmediato, y me preguntó: “Y, ¿por qué razón quieres  ser psicólogo?” Fue cuando me di cuenta que estaba tomando una de las decisiones más importantes de mi vida porque sabía lo que no me gustaba, pero no sabía en realidad lo que me apasionaba. Respondí temerosamente: “Porque, porque… ¡me gusta!”

A partir de ese momento dejé de escuchar. Las preguntas de mi papá, las burlas de mis primos, los gestos de desaprobación de la mayoría de mi familia, y comencé a escuchar mis propios pensamientos. En realidad, ¿Por qué razones quería ser Psicólogo? ¿Por qué había decidido no considerar Ingeniería Industrial como mi papá o Contador como mi mamá? ¿O cualquier otra carrera que había escuchado de mis amigos?

Bueno, aunque a mis papás siempre les había dicho que no sabía que estudiar (por miedo a la reacción que sabía que tendrían) llevaba dos años diciendo en la prepa que iba a ser Psicólogo. Desde primer semestre, mis amigos y algunos maestros ya sabían de mi interés. Para segundo año, casi la totalidad de mis compañeros, incluso la Directora, me decían “Freud”, por el psicólogo alemán. ¿Cómo después de dos años y medio de estar pregonando a los cuatro vientos que sería Psicólogo, no tenía suficientes razones para elegir esa carrera?”

Y no es que no supiera de la carrera. Siempre me había visto con lentes, sentado en un sillón, escuchando al paciente hablar de sus problemas esperando a que yo, el “experto”, le dijera como solucionarlo y que técnica de introspección debería realizar para llegar al “psique” de la solución. De hecho, comencé a leer libros de Coehlo, Chopra, Victor Frankl, y otros autores que hablan de la superación personal y cómo hacer que la persona se conozca más.

Me encanta el tema, me pone de buenas escuchar a las personas y oír sus problemas, me interesan los temas de cómo hacer que las personas mejoren. ¿Te das cuenta? – Me pregunté -  Hablas solamente de “me encanta”, me pone de buenas”, me interesa”, y… ¿Qué eso no es dar solo razones de lo que me gusta?

Entonces vino una nueva pregunta a mi mente: ¿Realmente seré bueno para esa carrera?
Nunca me lo había preguntado tan en serio. Si había pensado que si le “echaba ganas”  podría ser una buen profesionista. Pero ahora estaba en una duda real. Nunca había diagnosticado un problema psicológico de alguna persona, y aunque siempre me buscaban mis amigos para darles consejos, a veces fallaba en el consejo que les daba, porque era más por intuición que por un análisis profundo, o que realmente porque fuera bueno para la carrera como tal.

Me di cuenta que llevaba dos años eligiendo una carrera solamente porque “me gusta”.
Nunca comparé otras opciones que también me podrían gustar, en las que quizá también tendría más talento. También me gustaban los negocios y el ver cómo se llevaba una empresa. Pero nunca se lo dije a nadie. ¿Cómo le iba a decir a mi papá, que me gustaba Administración de Empresas? El es Ingeniero, y siempre dice que: “Los Administradores son los –chalanes- de los Ingenieros”. Pero ahora nada de eso importaba. Mientras toda mi familia discutía sobre la mesa mi futuro y/o fracaso que podía ser  éste, ni siquiera notaron que dejé de comer y me fui a mi cuarto.

No podía pensar. Estaba más confundido que mis amigos que ni siquiera habían pensado en que carrera estudiar.  Estuve como dos semanas dándole vueltas al asunto, hasta que decidí tomar en cuenta el único buen consejo que me había dado mi hermano mayor: “No la riegues igual que yo, busca opciones de carrera y Universidad. Es más, ve a ver cada Universidad antes de elegir”. Por cierto, mi hermano lleva dos carreras truncas y está en quinto semestre de Relaciones Internacionales.

Fui a ver Universidades, llegué a las primeras dos preguntando únicamente por Psicología y Administración; en las dos estaban ambas carreras y obviamente las dos me dijeron que eran la mejor opción en todo el país. Pensé en quedarme con esas opciones y platicar con el director de cada carrera, cuando me acordé del consejo y decidí ir a ver una tercera opción de Universidad. Al fin, no perdía nada con checarla.

Al llegar, me comentaron de los grandes beneficios que tenían sobre Administración de Empresas, pero al preguntar por Psicología me dijeron  que no la ofrecían. Y fue ahí cuando sin darse cuenta, el chavo de admisiones que me atendía, estaba por abrirme los ojos a una carrera que ni siquiera había escuchado. Me dijo: “No tenemos Psicología, pero muchos chavos que llegan por esa carrera preguntan también por Dirección de Recursos Humanos”. No sabía bien de qué trataba, pero me encantó lo que dijo después: “Creo que ves un poco de Administración y materias de Psicología para poder tratar con los empleados, resolver conflictos y otras cosas más”.

¡Me encantó!
De inmediato solicité una cita con el Director de la Carrera y me llevó a ver laboratorios, me habló de los convenios con las empresas que tienen para que me vaya a trabajar y sobre todo de la calidad de los profesores con los que cuenta la carrera. El campo de trabajo, el perfil de ingreso y egreso. Algunos de mis maestros son Directores de Recursos Humanos en las empresas donde trabajan y me contó que se jalan a los alumnos más destacados para trabajar con ellos.

Bueno, pues en eso ando ahora.
Estoy por ir a las citas con los directores de carreras de las que eran mi primera opción.
Entendí que si no comparas carreras, estás frito. No sé cuál elegiré pero eso sí, estoy seguro que no solo será por gusto. Necesito comparar criterios: La carrera en sí, que tan bueno soy, si puedo poner un negocio, que tanto dinero puedo obtener de acuerdo a mi talento, cuanta competencia hay y por supuesto… que tanto me gustan.

Y tú, ¿Por qué quieres estudiar una carrera?


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